Restos de un Falcon 9 impactarán en la Luna

por | 6 febrero 2022

Un resto de la etapa superior del cohete Falcon 9 de SpaceX impactará en la superficie lunar a principios de marzo, lo que supondrá la primera vez que un escombro fabricado por el ser humano llega involuntariamente a nuestro satélite natural.

En 2015, el Falcon 9 colocó el observatorio climático DSCOVR de la NOAA alrededor del punto de Lagrange L1, uno de los cinco puntos gravitatoriamente estables entre la Tierra y el Sol. Una vez alcanzado el punto L1, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, la etapa superior de la misión terminó apuntando hacia el espacio interplanetario.

Por ello, no era posible realizar una quema en órbita para deshacerse de ella en la atmósfera de nuestro planeta, y la etapa superior tampoco tenía la velocidad suficiente para escapar del sistema Tierra-Luna. En su lugar, quedó en una caótica órbita alrededor del Sol.

Según lo estimado por el  científico Bill Gray se prevé su impacto con la Luna el 4 de marzo  en un punto de la cara oculta lunar cerca del ecuador. Las observaciones de seguimiento deberían precisar la exactitud de la previsión, pero actualmente se prevé que la etapa superior de aproximadamente 3 toneladas y 15 m de largo por 3 m de ancho impacte a una velocidad de unos 2,58 km/s.

El cohete europeo Ariane 5, que a finales de diciembre llevó el telescopio espacial James Webb a su punto de observación voló en una trayectoria espejo a la del Falcon 9, pero la buena noticia es que su etapa superior ya ha evitado un destino comparable gracias a una maniobra específicamente desarrollada y calificada.

El Ariane 5  llevó el telescopio espacial James Webb a L2, el segundo punto de Lagrange entre el Sol y la Tierra – «detrás» en lugar de «delante» de nuestro planeta-, pero tras separarse de Webb la etapa superior utilizó todo el combustible que le quedaba para escapar por completo del sistema Tierra-Luna, colocándolo en una órbita heliocéntrica estable.

Impactos en la Luna provocados por el hombre

Los objetos fabricados por el hombre ya han impactado intencionadamente en la Luna, desde la década de 1950, incluyendo las etapas superiores del Apolo utilizadas para inducir «terremotos lunares» para los sismómetros de superficie.

En 2009, la NASA estrelló su misión LCROSS contra la Luna, revelando agua en la pluma de escombros resultante, y la nave espacial LADEE hizo lo mismo en el lado lejano de la Luna en 2013. La nave Smart-1 de la ESA se estrelló contra la Luna en 2006, siendo objeto de una campaña de observación a nivel mundial.

«Este próximo impacto del Falcon 9 va un poco más allá de nuestra área de interés habitual, ya que nos centramos principalmente en la población de desechos en órbitas terrestres bajas muy frecuentadas, hasta los 2.000 km de altitud, así como en órbitas geosíncronas a unos 35.000 km», explica Tim Flohrer, de la Oficina de Desechos Espaciales de la ESA.

«Sin embargo, nuestros colegas de la Oficina de Defensa Planetaria de la ESA miran más allá en el espacio. Utilizan telescopios en todo el mundo para rastrear asteroides cercanos a la Tierra, y a veces también observan objetos fabricados por el hombre. Se ha discutido la posibilidad de ampliar nuestras propias competencias al espacio «cislunar» entre la Tierra y la Luna, debido al creciente uso de los puntos de Lagrange Sol-Tierra, científicamente vitales, en los próximos años».

Detlef Koschny, director de la Oficina de Defensa Planetaria de la ESA, añade: «Utilizamos las observaciones telescópicas para precisar las órbitas, principalmente de los objetos naturales en el espacio que rodea a la Tierra. Ocasionalmente, también captamos objetos fabricados por el hombre lejos de la Tierra, como restos de naves de exploración lunar, y objetos que regresan de los puntos de Lagrange».

Para las empresas espaciales internacionales, no existen por el momento directrices claras que regulen la eliminación al final de la vida útil de las naves espaciales o de las etapas superiores gastadas enviadas a los puntos de Lagrange. Chocar contra la Luna o regresar y quemarse en la atmósfera terrestre han sido hasta ahora las opciones por defecto más sencillas.

«El próximo impacto lunar del Falcon 9 ilustra bien la necesidad de un régimen regulador completo en el espacio, no sólo para las órbitas económicamente cruciales alrededor de la Tierra, sino también aplicable a la Luna», afirma Holger Krag, Jefe del Programa de Seguridad Espacial de la ESA. Y ñade «Haría falta un consenso internacional para establecer una normativa eficaz, pero Europa puede sin duda liderar el camino».

Todos los lanzadores desarrollados por la ESA durante la última década -Vega, Ariane 6 y Vega C- incorporan una capacidad de reignición incorporada, que garantiza el regreso seguro a la Tierra para el quemado atmosférico de sus etapas superiores.

 

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