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Un nuevo telescopio de la ESA en Sudamérica para buscar asteroides peligrosos

Este segundo telescopio de prueba de la ESA, alojado en el Observatorio de La Silla del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile, ya ha visto la «primera luz”; que es lo que se dice cuando un nuevo telescopio se utiliza por primera vez para observar el firmamento.

El telescopio, denominado “TBT2” por ser el segundo de su clase tras el construido por la ESA en España, es un proyecto en colaboración con el ESO para vigilar el cielo en busca de objetos cercanos a la Tierra que puedan suponer un riesgo para nuestro planeta. El telescopio de 56 cm será operado junto a un telescopio parejo idéntico situado en la Estación de Seguimiento de Satélites de Espacio Profundo de Cebreros de la ESA.

“El proyecto es un banco de pruebas para demostrar las capacidades necesarias para detectar y realizar observaciones de seguimiento de objetos cercanos a la Tierra de forma eficiente”, afirma Clemens Heese, Jefe de la Sección de Tecnologías Ópticas de la ESA y líder del proyecto TBT.

“Aunque los telescopios en sí tengan un diseño bastante estándar, nos permitirán desarrollar y probar algoritmos, operaciones remotas y técnicas de procesamiento de datos que nuestra futura red de telescopios Flyeye utilizará para llevar a cabo estudios nocturnos automatizados de todo el cielo”.

Instalar y conseguir la primera luz con el telescopio en La Silla durante la pandemia de COVID-19 supuso un gran reto, algo que solo fue posible gracias al excepcional esfuerzo y compromiso de todos los implicados que trabajaron bajo normativas especiales que garantizaran la seguridad de todos los presentes en el observatorio de Chile.

 

Lista de riesgos de la ESA

En la actualidad conocemos más de 900 000 asteroides en nuestro Sistema Solar, de los cuales más de 25 000 son objetos cercanos a la Tierra ya que su órbita los aproxima a ella. Más de 1000 de estos objetos están en la lista de riesgos de la ESA, lo que significa que debemos vigilarlos con observaciones de seguimiento en sus pasos cercanos con la Tierra.

Los objetos más grandes son, afortunadamente, más fáciles de detectar, por lo que sus órbitas ya se han estudiado a fondo. No obstante, los objetos pequeños y medianos son mucho más numerosos en el sistema solar y estos todavía pueden causar un grave daño, ya que quedan muchos por descubrir.

“Para poder calcular el riesgo que suponen estos objetos potencialmente peligrosos del sistema solar, primero necesitamos tener un censo de dichos objetos”, afirma Ivo Saviane, director del Observatorio de La Silla del ESO. “El proyecto TBT es un paso en esa dirección”, añade.

 

Flyeye

En la actualidad, los astrónomos utilizan telescopios tradicionales con un estrecho campo de visión para detectar objetos amenazadores provenientes del sistema solar. Dado que estos telescopios solo pueden observar una pequeña porción del cielo a la vez, resulta un proceso lento y tedioso.

Como parte del esfuerzo global para acelerar y mejorar esta búsqueda, la ESA está desarrollando el telescopio Flyeye. Su diseño inspirado en los ojos de algunos insectos le proporciona un campo de visión mucho más amplio, lo que le permite abarcar grandes regiones del firmamento de forma mucho más rápida que los de diseño tradicional.

Así, cada noche, una futura red de estos telescopios Flyeye escaneará el cielo en busca de objetos extraños, señalando automáticamente los que supongan un riesgo de impacto y avisando a los investigadores a la mañana siguiente. El primer Flyeye está ya en construcción y está previsto que se instale en la cima de una montaña de Sicilia, Italia, en 2022.

La red estará totalmente automatizada. Un programa informático coordinará la planificación y realización de las observaciones y señalará cualquier descubrimiento amenazador.

Los datos recogidos se enviarán al Centro de Planetas Menores, con las subsiguientes observaciones de seguimiento para comprender mejor las órbitas de estos objetos cercanos a la Tierra y su probabilidad de impacto.

Se espera que el telescopio del banco de pruebas de La Silla entre en funcionamiento rutinario a finales de este año.

 

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Foto: ESA