Diez días después de que la plantilla de Airbus en España iniciara un paro sin precedentes, la huelga convocada por el Sindicato Independiente de Profesionales Aeronáuticos (SIPA) se ha extendido a las plantas de Cádiz, San Pablo y Tablada (Sevilla), Illescas y Albacete, además de en Getafe, epicentro de las protestas y donde trabajan 9.000 de los 14.000 empleados con los que cuenta el fabricante en el país.
Con las incorporaciones mencionadas, el paro alcanza aproximadamente el 80% de la plantilla de Airbus en España, con un seguimiento que sigue aumentando. Mientras, los sindicatos sostienen que, si la dirección no modifica su propuesta de convenio, las movilizaciones seguirán creciendo.
Origen de la huelga
El conflicto se originó a finales de junio, cuando el fabricante aeronáutico implantó una nueva normativa laboral que reducía de dos a un día semanal el teletrabajo para parte del personal técnico e ingeniero. A esta medida se sumaron las discrepancias sobre la evolución de los salarios, la ausencia de una actualización vinculada al IPC, la pérdida de poder adquisitivo denunciada por la plantilla (8,59% desde 2020) y la modificación de algunos beneficios sociales.
Sindicatos, sin CCOO
A la huelga, que desde la primera jornada cuenta con concentraciones de entre 2.000 y 3.500 personas, se sumaron otras asociaciones sindicales como CGT, UGT, ATP y UTIL. Hasta el momento, Comisiones Obreras no se ha sumado a este paro.

Un conflicto en una situación de gran expansión
Lo que convierte esta situación en un argumento especialmente sensible para los empleados es el contexto financiero en el que se produce. Airbus no atraviesa ninguna dificultad económica; más bien, todo lo contrario. Esta protesta llega en uno de los mejores momentos económicos del fabricante aeronáutico europeo. La multinacional cerró 2025 con ingresos consolidados que alcanzaron los 73.400 millones de euros, un 6% más que el año anterior, y un beneficio neto de 5.200 millones de euros, un 23% más que en 2024, en lo que la propia compañía calificó como un «año histórico».
A estos resultados se suma el respaldo institucional de la Unión Europea. El Banco Europeo de Inversiones (BEI) firmó con Airbus el pasado 29 de junio el mayor préstamo empresarial de su historia, ofreciendo un paquete de 3.000 millones de euros (el primer tramo, de 1.000 millones, ya desembolsado) destinado a financiar I+D y sistemas de defensa hasta 2030, con proyectos repartidos precisamente entre España, Francia y Alemania.
El hecho de que la UE movilice este volumen de financiación justo cuando la compañía se encuentra en un gran momento económico, choca con la percepción de la plantilla española. Mientras que la empresa capta millones de euros de capital para invertir en su futuro industrial en los tres países, a los trabajadores españoles (que cobran menos que los franceses y alemanes) se les impone una subida salarial por debajo del IPC, un recorte del teletrabajo y vacaciones obligatorias en agosto
Algunos empleados destacaron en las movilizaciones: “Se tienen que sentar a negociar de verdad. Hace poco anunciaron unos beneficios récord y comunicaron que subirían el dividendo de las acciones. Francia y Alemania mantienen condiciones, nosotros no, siempre recortan en el mismo lado”.
Brecha salarial
Respecto a las anteriores declaraciones, uno de los argumentos que más peso está cogiendo entre trabajadores es la diferencia salarial entre los distintos países donde opera el fabricante.
Según fuentes de búsqueda de empleo para profesionales, Alemania continúa siendo el país con las mejores retribuciones dentro de Airbus. Mientras que el salario medio general en España se sitúa en torno a 45.624 € anuales (dentro de una horquilla de 45.000-55.000 €), en Francia oscila entre 50.000 y 65.000 euros y en Alemania alcanza una media estimada de 75.083 €, con salarios que pueden situarse entre 70.000 y 80.000 euros. En el caso de los ingenieros, la diferencia es aún más grande, pues en España las retribuciones se sitúan entre 35.000 y 55.000 euros, mientras que en Alemania alcanzan entre 75.000 y 85.000 euros. Es decir, un ingeniero alemán puede llegar a cobrar prácticamente el doble que un ingeniero español realizando un trabajo comparable. Incluso ajustando por coste de vida con ambos países, la diferencia se reduce pero no desaparece, pues España sigue quedando por detrás.
Esta desigualdad es precisamente lo que los sindicatos denuncian como la «pérdida de derechos» y de poder adquisitivo que motiva la huelga (una subida salarial del 3% y el 2% para 2026 y 2027 que, lejos de cerrar la brecha con el resto de Europa, ni siquiera cubre la inflación española.
Es este contraste, el de una empresa con beneficios récord, frente a una plantilla que ve recortados los derechos y que ya parte del escalón salarial más bajo de las tres grandes sedes europeas, lo que ha provocado estas huelgas que cada vez van sumando más y más empleados.











