No lo tiene fácil, Sr. Ortberg

por | 22 agosto 2024

No pasa una sola semana sin que Boeing salte a los titulares con un nuevo problema. Ayer fueron las grietas detectadas en los pilones de los motores del 777X en proceso de certificación, pero un día antes fueron los asientos de la cabina de los 787, que no protegen suficientemente algunos pulsadores esenciales como los de desconexión del piloto automático y que provocaron un incidente en vuelo de un LATAM con el resultado de 50 heridos. Y una semana antes nos enteramos de que la Starliner dejaba varados a sus astronautas en la ISS.

Es cierto que incluso los medios generalistas están muy pendientes de absolutamente todo lo que ocurre en Boeing, es lo que se llama mainstream (tendencia) y una vez que algo o alguien entra ahí lo tiene difícil para salir debido a la propia inercia de generación de noticias y titulares en la actualidad.

Pero también es cierto que el fabricante norteamericano parece empeñado en ser tendencia, “ofreciendo” un problema tras otro y no precisamente problemas menores.

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El nuevo CEO de Boeing, Kelly Ortberg no lo tiene fácil. Cuenta con la ventaja de ser un outsider, alguien de fuera de Boeing, no “contaminado” por la cultura organizativa que ha llevado al otrora prestigioso OEM a la situación de descrédito actual. Procede además de otro gigante de reputación intachable, Rockwell Collins/RTX, con una cultura de excelencia acreditada.

Pero la tarea que tiene delante es gigantesca y a todos los niveles de la empresa.

Para empezar, tiene que cambiar la cultura de la organización. La arrogancia con la que los ejecutivos de Boeing enfrentaron las primeras señales de lo que ahora ocurre les han alejado del mercado, de sus clientes, y hablo de mucho antes de los accidentes del MAX. Saber escuchar a tu cliente con humildad cuando te reporta un problema es de primero de empresa, aunque lleves años y años siendo el líder del mercado no eres infalible, nadie lo es.

Aceptar la realidad es el segundo mal que debe atajar de raíz. Pedir a sus proveedores insumos para fabricar 38 unidades al mes no es realista desde hace muchos, muchos meses (cuando no años) en los que ni siquiera produjo por encima de las 20 unidades. Quemar 4.000 millones de dólares al trimestre en stock no es sostenible para Boeing ni tampoco lo es para la industria. Y si se hace para obstaculizar que tu competencia disponga de materias primas es suicida además de poco ético. Quizá la FAA, que ahora controla la producción de Boeing, sí sepa cuál es la capacidad real de producción. Debe asumirlo y reconocerlo. No pasa nada, a estas alturas ya todos sabemos todo o casi todo.

A continuación, debe cambiar la cultura de calidad. De arriba abajo y de abajo a arriba, desde los ejecutivos hacia el último empleado y del último empleado hacia arriba; si un empleado reporta un problema no es por fastidiar, es que muy probablemente haya un problema. Taparlo o vilipendiar al que lo descubrió hará crecer la bola de nieve y el problema se hará más grave, y de esto Boeing tiene decenas de ejemplos.

Quizá lo más complicado sea dar la vuelta 180º al objetivo de la organización. No será sencillo ni rápido recuperar un departamento de ingeniería que se ha quedado en los huesos. No se puede sustituir con prontitud una generación de trabajadores experimentados. Sin las personas adecuadas, el cambio de rumbo se hace más difícil.

Tampoco será sencillo lo que viene ahora: debe reemplazar el MAX y centrarse en diseñar y fabricar un avión nuevo, un avión de verdad, que le haga recuperar el mercado del pasillo único doméstico y que pueda servir de base para recuperar el puesto del 757 y 767 en el medio-largo radio de pasillo único que él mismo inventó y que ahora se ha “comido” Airbus.

Para complicar aún más la cosa, debe certificar el 777X, los MAX -7 y -10, arreglar de una vez los problemas del KC-46A y estabilizar la producción del 787… todo al mismo tiempo.

Y todo esto exige mucho, mucho dinero. Quizá a los accionistas no les guste que el objetivo primario vuelva a ser fabricar productos de calidad, de modo que necesita convencerles de que vale la pena invertir en Boeing porque tiene futuro por delante, los beneficios acabarán llegando.

Es cierto que Boeing es grande, pero los grandes también caen, a menos que sepan comunicar al mercado que tienen prioridades tangibles, ciertas y honestas. No es una tarea fácil Sr. Ortberg, pero si lo consigue entrará en el Olimpo de la industria aeronáutica.

Jorge Penalba

Jorge Penalba

Editor desde 1988, piloto ULM y PPL, entre las publicaciones aeronáuticas que ha publicado y/o dirigido, Aviación General y Deportiva, Fuerza Aérea, Aviación Comercial, Avion&Piloto y, desde 2009, Avion Revue Internacional. Acompaña al desarrollo de la aviación general y deportiva desde la irrupción de los ULM, realizando y publicando las pruebas en vuelo de buena parte de las aeronaves aparecidas desde entonces, desde el tubo y tela a los reactores ligeros. En Avion Revue se encarga, además de su dirección ejecutiva, de las secciones de Industria, MRO y Sostenibilidad.

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